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Cartografía criminal: identificación por perfil racial y el Ayllu.

November 2, 2018

 

A propósito del taller:

¿Cómo cartografiarse el propio rostro? Entre máscaras y fragmentos de vida y la identificación por perfil racial

Nahuala

 

“Nosotrxs no sabemos la definición perfecta de nuestras comunidades, pero la policía sí lo sabe muy bien”.

Houria Bouteldja

 

 

 

 

 

1. Amasar

 

Nos habíamos reunido en el Ayllu a conspirar desde la creatividad, a mirarnos el rostro y a imaginar nuestras máscaras para la guerra. Papel reciclado, plastilina, pinturas acrílicas, nuestras manos y corazones. Amasar y dar vida, como cuando las energías primordiales de la antigua Anáhuac crearon a lxs primerxs seres de barro y los arrojaron a su suerte, en ellxs estaba la rabia y alegría; sin embargo, en nuestro mundo existe una constante: a todxs lxs racializadxs de barro nos puede detener la policía, en nuestro rostro yace la herida y el delito colonial. Rebelión e insurrección. No nos adaptamos, no deseamos hacerlo. En nuestro cuerpo yace la chispa para que su mundo se derrumbe. Para que la Europa fortaleza y su maquinaria judicializante caiga en pedazos.

 

 

Dos. La policía: el delito primordial es conservar nuestro rostro, no pintarlo de blanco, no integranos, permanecer criminales, permanecer en fuga.

 

 

La primera vez que la policía me detuvo tendría unos catorce años, iba caminando por la avenida “Plan de Ayala” y una camioneta blanca con azul, de la municipal, se detuvo a mi lado; mi primera reacción fue correr; sin embargo, la policía fue más rápida. En unos minutos me encontraba bocabajo, en la parte trasera del vehículo policial dando vueltas por la ciudad.  Llevaba un aerosol en la mochila, lo cual la policía  relacionó directamente con vandalismo porque pensaron que iba a rayar alguna pared, y la verdad es que sí, en ese tiempo una de las diversiones que teníamos en el barrio era la de salir a “grafitear” y hacer nuestro el barrio, experimentar. Sin embargo, yo no había sido descubierto cometiendo “un delito”, y la policía me interrogaba, me decían que les dijera dónde vivía, quiénes eran mis madres, si traía dinero y que se los diera. Recuerdo que a esa edad me había comprado mi primer reloj, pero fue corto el tiempo que lo tuve, pues los policías me lo quitaron y me bajaron en un punto de la ciudad que yo no conocía y me dijeron que corriera lo más rápido que pudiera. No miré hacia atrás. Lo que más rabia me dio fue que me quitaran el reloj que tanta ilusión me daba y que tanto me costó tener, era muy simbólico, porque la policía estaba controlando mi tiempo, me decía cuándo podía ser libre y cuándo no, cuándo podía volver a mi casa y si volvería, si era culpable o inocente. Han pasado varios años desde esa experiencia, pero las cosas no cambian, el trabajo de la policía sigue siendo el mismo, el de crear criminales y reforzar el aparato represivo del miedo social. Ellos siguen siendo los jueces, y nosotrxs lxs culpables. Pero las estrategias cambian, lo cuerpos cambian, y siempre habrá algo por lo que te detendrán: raza, género, clase, monstruosidades.

 

 

 

Hace tiempo, en una entrevista que le hacían a un grupo del sindicado de manteros de Barcelona, uno de ellos contaba que unx cuerpx negrx corriendo se vuelve delito, no importa si vas a tarde a una cita, a un trabajo, o simplemente quieres correr, el dispositivo policíaco asociará la acción de correr de unx cuerpx negrx con un delito, es por ello que siempre que escucho la consigna de “ningún ser humano es ilegal”, no me suena nada real, es más, la escucho complaciente y políticamente correcta, porque la legalidad siempre será del Estado, del colono, de los blancos, de los “hetero-hombres”. Y es que tampoco es cuestión de suerte, los objetivos a detener siempre son claros, son identificables, lxs cuerpxs hablan y a algunxs no les gusta escucharlxs, la materialidad del cuerpo es reactiva y violenta: identificación por perfil racial.

La última vez que me detuvieron fue en el metro Laguna en Madrid, iba caminando y dos policías nacionales me pidieron documentación, el delito: tener cuerpx-rostrx de sudaka, de indeseable. De nuevo sentía rabia, ansiedad. Y es que los rasgos de los blancos no solo sirven para tener más oportunidad a la hora de ligar dentro de la economía del deseo heterocolonial-Grindr-Tinder, etc., sino también para que no te pare la policía y en todo caso, te sirve para no tener tanto miedo, paranoia.

Es por ello que a mí no me gusta pensar que “ningún ser humano es ilegal”, sino que todxs somos ilegales, que somos delincuentes, que hay un potencial ahí, que nuestro rostro lo sabe, lo llama, lo invoca, que en la ilegalidad está la posibilidad de hacer alianzas, de mirar los puntos ciegos, el exceso, lo que los blancos no ven, lo que los policías no saben; también está el potencial de cuidarnos, de desprogramarnos como acto de reparación, de hackearnos el cuerpo y construir un deseo antirepresivo, anticolonial, de no creer en la policía nunca, de saber  que son el enemigo, y que todo lo que representan tiene que arder, desaparecer: Policía-Estado-Legalidad-Heteronormatividad-Cárceles-CIES.

 

 

 

 

Nuestrxs cuerpxs no son solo cuerpxs, son situaciones, tensiones, fuego.  Hay que criticar la colonialidad y la legalidad, porque la esclavitud y la legalidad dominan, al igual que la heteronormatividad, la policía y las prisiones. Que existan racializadxs legales y “felices” no justifica que tengamos que integrarnos al régimen, porque la felicidad no es sinónimo de paz, y desde hace un tiempo se sabe que estamos en guerra.  Por otro lado, esto no quiere decir que no utilicemos las instituciones estratégicamente para conseguir papeles o ir al médico, sino que no hay que incluirse y lavarse la cara para parecer uno de ellos, para parecerse al verdugo, no hay que confiar: política de la desconfianza. Nunca legalizar el uso de nuestrxs cuerpxs, sus placeres y su potencial criminal, para desmontarlo todo, empezando por nuestros modos de vivir, de habitar, de oponerse. Ángela Davis solía decir que tanto la esclavitud como la cárcel son instituciones de represión estructuradas en el racismo, revindicar la reforma del sistema policial y penitenciario es mantener el racismo que estructuró la esclavitud. La función de la policía es naturalizar la violencia del Estado, naturalizar el racismo, y exigir nuestra aniquilación, si alguien tiene que desaparecer son ellos.[1] 

 

Yo no quiero ser legal para ellos, revindico la criminalidad y la fuga de lo social. Pura colonialidad y antropología física, pura policía, más jueces, más fascism, más prisiones. La identificación policial basada en el perfil racial perpetúa la dominación colonial. No es el comportamiento, no es lo que mi cuerpo puede, sino lo que los ojos racistas miran. No ven unx cuerpx, solo ven raza, rebelión, crimen, rostros, ansiedad, fronteras, terrorismo, identidad. Son quienes tienen el monopolio legítimo de la violencia. Hay que arrebatárselo. Gasolina a la Ley de Extranjería, y gasolina a la policía. Nos queda el apoyo mutuo, el cariño y la ancestralidad.

 

 

Tres. En fuga

 

 

Cada cual trazó su rostro, lo modificó, lo reapropió, le dio vida y muerte. Conjuros y palabras. Estamos junts pxara ir a la guerra. Lo blanco es impotente, está podrido, se desploma, tenemos nuestras armas, nuestros sonidos, somos más que multitud, somos intensidad y grieta.

 

 

 

 

 

 

 

 

No indica dónde termina esta cita.

 

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