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Hablemos de racismo y homosexualidad en México. Algunas ideas para la discusión.

May 2, 2017

Autorx: Axel R Bautista. Sociólogo en construcción. Actualmente haciendo su tesis sobre estigma, VIH y construcción social de la enfermedad. La vida y la academia lo ha llevado a discutir y a tener un interés sobre el racismo, la discriminación y la otredad.

Twitter: @AxelRBautista

 

 

Si hablar de racismo en México implica desentrañar de la oscuridad todo un fenómeno social que ha logrado mantenerse invisible y al mismo tiempo latente en la vida del día a día de este país, hablar de racismo en el entorno LGBTI mexicano representa toda una travesía que empieza con problematizar los discursos de inclusión y de igualdad, esos que usualmente refieren a un mundo lleno de arcoíris y unicornios, y con los que muchos LGBTIs se identifican actualmente.

Quiero detenerme un momento para precisar que sólo me enfocaré en la población gay y no en el resto de las diversidades LGBTI. Esto en parte porque mi experiencia como hombre homosexual se ha construido principalmente alrededor de esta etiqueta, pero también debido a que por alguna razón es el subgrupo que más atención ha recibido tanto por los medios de comunicación como por las instituciones sociales, al grado que hoy podemos presumir de vivir en una ciudad "gay friendly", whatever that means.

 

Aclarado esto, vuelvo al tema del racismo. Vivimos en un país que, aunque a muchos les cueste aceptarlo, sigue siendo profundamente racista. Sí, México es racista. Lo ha sido prácticamente desde la colonización española, cuando todo un proceso de transformación económica, política y social terminó resignificando el papel y el rol de cada individuo en la sociedad. Surgió todo un sistema de castas donde "el linaje" español se consideró como el punto de referencia para estratificar a la población, estableciendo así una sociedad socialmente racializada basada en el color de la piel y los rasgos físicos, donde entre más español y menos indígena fueras, más alta sería tu posición en la pirámide social.

 

Sin embargo para muchos esto es cosa del pasado, algo que ha quedado atrás y que ha sido superado gracias al mestizaje, otra falacia que se nos ha vendido con un discurso de igualdad y de inclusión, pero que en el fondo sigue inserto en una dinámica racista y de discriminación. ¿Cómo es eso posible? ¿Cómo puede haber racismo en una sociedad donde todos somos mestizos y jurídicamente iguales? En primer lugar, como bien lo apunta Mónica Moreno Figueroa, el problema con el mestizaje reside en que en la práctica "hay de mezclas a mezclas y de mestizos a mestizos." Ergo, no todos somos iguales. En segundo lugar el racismo en México hoy en día se reproduce a partir de la lógica de la pigmentocracia, que como ya mencioné, es un residuo que hemos arrastrado desde la colonia.

 

Entiendo como pigmentocracia todo un sistema que discrimina y estratifica a la población a partir de su color de piel, de sus rasgos físicos y de sus características culturales, sobreponiendo el ser "blanco" no sólo como una tonalidad de piel, sino también como un conjunto "de las relaciones sociales y del contexto cultural", es decir, de clase, a la que además uno tendría que aspirar. De ahí que hablar de México como un país únicamente clasista, invisibiliza y niega toda la lógica racista que yace de fondo, de cuya existencia se debe insistir no sólo como un proceso exterior, sino también como un proceso interiorizado en cada uno de nosotros. Basta con que miremos algunos de los memes que recientemente se han hecho sobre las representaciones sociales que se tienen de los tonos de piel para dar cuenta de la pigmentocracia y el racismo en México.

 

Y bien, ¿cómo nos lleva esto a hablar de racismo en la población gay mexicana? En primer lugar, el haber nacido, crecido y formarnos dentro de una sociedad clasista y racista como la mexicana, nos construye ya como sujetos insertos en su lógica y dinámicas internas. Esto no quiere decir que sea algo que no podamos transformar desde nuestra individualidad, pero tenemos que reconocer que el racismo como sistema se ha normalizado y perpetuado por la participación de todos, consciente e inconscientemente.

 

En segundo lugar pareciera que la población gay se regula bajo ciertas normas que definen lo que es correcto y lo que no, lo que está bien y lo que está mal, lo que es normal y lo que es anormal, dando paso a todo un conjunto de valores sobre masculinidad, apariencia física, estatus social y sí, aquí también entra "la raza". Con todo esto como punto de partida para discutir muchos de los problemas que actualmente se viven dentro de la "comunidad gay", podemos percibir que los discursos de igualdad y de inclusión son todo menos amor y paz como busca promoverse.

Si ya en México vivimos bajo la sombra del mestizaje como máxima de la igualdad, la idea del respeto, la inclusión de la diversidad y la tolerancia hacen de la comunidad gay su propia sombra. Es esa serpiente que se come a sí misma, que ha sido pisoteada históricamente pero que no se detendrá ni un momento en lanzar su mordida al primero que encuentre en su camino y que mire con un sesgo de superioridad.

 

Evidentemente no es un asunto sencillo. Algunos dirán que la homofobia pesa más que el racismo o el clasismo porque se trata meramente de un asunto LGBTI. Sin embargo, en respuesta a esto propongo una mirada desde la interseccionalidad, incentivando a reconocer las contradicciones internas de lo que en algún momento fue un movimiento de rebeldía y emancipación social. Los gais somos racistas y mucho. La discriminación se ejerce de unos contra otros reafirmando toda una ideología que normaliza ciertos cuerpos y subjetividades y descarta a otros, que, en el caso del racismo, se puede apreciar desde la lógica de la pigmentocracia, donde entre más nos alejemos de lo moreno, de lo negro y de lo indígena, mejor será nuestra calidad como personas.

 

El problema es que de esto se habla poco o nada en nuestro país. En parte porque seguimos pensando que aquí no hay racismo, pero también porque nuestra idea de dicho fenómeno la pensamos como algo que sólo sucede en EUA, Sudáfrica y Europa. Y sí, también en esos lugares se ha visto que este fenómeno no excluye a la comunidad gay. Por ejemplo, mientras en EUA es muy fácil encontrar en aplicaciones de ligue como Grindr, Hornet o Scruff frases como "no blacks/chocolate", "no latinos/spicy", "no asians/rise" o "white only", en México podemos encontrar frases como "sólo blancos", "gente bien", "no indios", "no artesanías mexicanas" o "sólo guapos". Además esto no sólo se queda en el mundo digital, sino que también puede observarse en los espacios de socialización gay como bares o antros, donde muy fácilmente puede escucharse a gente refiriéndose a otros como "india/o", "chacal" o "naco/a" en un tono peyorativo. Si ya de por sí el costo para entrar a muchos bares y antros excluye de tajo a muchos, reduciendo así las opciones de diversión y entretenimiento para un enorme sector de la población gay que no puede costearse la vida que se vende desde el capitalismo rosa, estando ya dentro de un espacio como estos, que pretende ser inclusivo, se sigue viviendo una dinámica de discriminación y segregación.

 

Ser gay y ser racista no es mutuamente excluyente, y en el caso de México la comunidad gay es un espacio más donde estas dinámicas aspiracionistas y pigmentocráticas que idealizan la blanquitud y los valores que ello representa se sobreponen sobre la realidad en la que viven la mayoría de los homosexuales mexicanos. Un aspiracionismo que no es más que el reflejo de años de colonización racial y negación de nuestra propia historia. Como homosexuales vivimos bajo dos discursos, lo gay y lo mestizo, que presumen de igualdad y felicidad para todos pero que en el fondo esconden procesos de violencia, rechazo y odio. Nos da miedo reconocer que el mundo gay está lleno de otredades y de las cuales muchos somos parte de ellas, y se nos olvida que es gracias a estas otredades periféricas por las cuales "el movimiento gay" hoy en día es lo que es.

 

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